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24 de agosto de 2016

Vacaciones de verano Japonesas

Las vacaciones escolares de verano en Japón duran aproximadamente un mes. Son cortas, si comparamos con las largas vacaciones uruguayas en las que los estudiantes son capaces de disfrutar de más de dos meses de tiempo libre. Y mientras que los uruguayos (si fueron buenos estudiantes) no asisten al colegio durante el verano, algunos japoneses todavía lo hacen, en el caso de ser parte de algún club de deporte del colegio o actividad extracurricular, para las cuales las vacaciones pasan completamente desapercibidas. Es por esa razón, que aún durante el verano, todavía se pueden ver adolescentes vistiendo los uniformes del colegio, caminando por las calles y viajando en tren.

En cuanto a las vacaciones en las empresas, normalmente coinciden con las de los estudiantes, y son cortas, muy cortas para mi gusto... alrededor de una semana de vacaciones (en algunos afortunados casos).

Es así, que en mi familia japonesa todos coincidieron en sus días libres y pudimos disfrutar de un par de días diferentes.

Un viernes por la mañana viajamos a la prefectura de Shizuoka, con destino a la ciudad de Numazu, un lugar famoso entre los turistas por los Onsen (baños termales).

Fuimos directo a un lugar escondido y afortunadamente bastante desconocido por los locales.





Un sitio entre las montañas, con un tranquilo lago y una temperatura fresca para el verano: el lugar perfecto para un hacer un picnic.







Con una heladerita llena de provisiones, comenzamos la barbacoa, sobre el suelo de la playa, utilizando una gran plancha en donde cocinamos varios tipos de carnes maceradas, onigiri (bolas de arroz rellenas y recubiertas con alga nori), verduras e incluso yakisoba para el gran final (fideos salteados).





La sandía que se mantenía fresca dentro del agua del lago, fue partida al final, como si se tratara de una piñata. Ojos vendados y palo en mano, primero lo intentaron los niños...para luego pasar al turno de los adultos, quienes lo intentaron después de dar algunas vueltas alrededor del palo, para perder un poco el equilibrio.




A la tarde pasamos por el apartamento en donde nos alojaríamos para dejar nuestras pertenencias.

Algunos aprovechamos para salir a dar un paseo por el puerto que estaba a unas pocas cuadras: la vista valía realmente la pena.





A la noche, luego de la cena, encendimos unas vengalas frente al mar.




Y antes de irnos a dormir, jugamos a las cartas y contamos historias de terror.

Al día siguiente, desayunamos todos juntos (panes, café, yogurt) y salimos para pasar la mañana en la playa.





Al mediodía, antes de despedirnos, almorzamos en un mercado del puerto, todos platos con productos del mar.

Sashimi, langostinos tamaño extra grande ("jumbo ebi fry"), donburi de sashimi y mix de tempura, entre otros.








Nos separamos el sábado a la tarde, pero con Kiyo pasamos también el domingo en casa de sus padres.

Un fin de semana memorable y que me demostró, una vez más, que los japoneses también disfrutan de pasar en familia y de las cosas simples y hermosas que tiene la vida.